KIT DE ESQUINA

Viernes, 02 Agosto 2019 12:00

RAYA: un archivo de artista (1991-2016)

Escrito por Maribel Escobar

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Dentro del panorama artístico actual, los archivos son un espacio de referencia ineludible para re-trazar nuestro presente. Entre el amplio espectro de archivos de arte existentes en México, los conformados por los propios creadores son casos muy particulares y emblemáticos: gracias a ellos pervive una parte sustancial de la memoria de prácticas efímeras, conceptuales y de acontecimientos que permanecieron fuera de la memoria institucional o que dialogaron con ella pero desde otros lugares, por lo que tienen perspectivas únicas y privilegiadas para acercarnos y generar lecturas múltiples sobre las prácticas artísticas actuales.

En medio de la latencia de esas memorias diversas y vibrantes, el archivo Pinto mi Raya es singular y potente, no solo por la importancia de los documentos que resguarda o por la importancia de leerlos en su conjunto, sino también por los términos bajo los que se ha creado, es decir: el archivo, su creación y su proceso, son considerados en sí mismos como una obra, una obra de arte conceptual aplicado, un  término que han acuñado Víctor Lerma y Mónica Mayer para referirse a obras que, a parte de su valor simbólico, tienen por objetivo intervenir de manera práctica su contexto al proponer e implementar soluciones. De esta manera, el archivo Pinto mi raya ha pugnado por intervenir, generar procesos de discusión, retar a la invisibilidad de diversas voces y prácticas, y, sobre todo, por “lubricar” la memoria, las memorias.

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  De izquierda a derecha: Maribel Escobar, Yuruen Lerma, Víctor Lerma, Tonantzin Arreola. Foto: Mónica Mayer

Muchas hemos tenido vinculación, contacto real o cibernético, con el archivo Pinto mi raya, pero quizá solo hemos conocido o imaginamos fragmentos, así que para poner en contexto “RAYA: Un archivo de artista”, me gustaría compartirles un panorama general del archivo, conformado a través del relato de Mónica y Víctor y con el apoyo de Tonantzin Arreola. Seguramente pasaré cosas por alto, pero a grandes rasgos, el archivo Pinto mi Raya está conformado por:

  • “La biblioteca”, espacio expandido por toda la casa - el lugar físico del archivo-, en el que alrededor de 8000 publicaciones impresas reúnen feminismos, crítica, performance, arte mexicano, políticas culturales, historia y teoría del arte. Cada semana o cada tantos días nuevas publicaciones se van sumando: tesis, catálogos, revistas.
  • “El archivo familiar”, en el que fotografías, correspondencia y libros raros y significativos gráfica o históricamente se mezclan recordándonos que los archivos, más aún los personales, se construyen a través de los afectos.
  • El archivo audiovisual, en el que se encuentran documentos fotográficos en soportes diversos: obras y registros de obra, videos, VHS, disquetes y múltiples soportes en los que es posible dar seguimiento a su práctica artística y a su encuentro con diversos agentes como Juan Acha, Raquel Tibol, Jorge Alberto Manrique, Elizabeth Romero, Felipe Ehrenberg…, por mencionar solo algunas.
  • “La colección” la obra gráfica propia o ajena que permite hacer diálogos intergeneracionales.
  • Las secciones del archivo que involucran la práctica artística individual de Mónica y Víctor: expedientes, textos, bocetos, traducciones, proyectos realizados y también lo que Víctor en su propia estructura del archivo llama “los fracasos y los sueños guajiros”.
  • Estas prácticas individuales en todo momento se expanden y se conectan en nodos de complicidad, abriendo secciones enteras a las colectividades: entre ellas podemos destacar a Polvo de Gallina Negra y también a Pinto mi raya: una parte del archivo, pero también el proyecto que irradia al archivo mismo.

Pinto mi Raya es la plataforma desde la que Mónica y Víctor han generado proyectos diversos de arte conceptual aplicado: La galería, los proyectos de gráfica digital, los performances e instalaciones, las batallas, los programas de radio, los puestos, los proyectos hemerográficos… Llegando a esta parte, muchas tendremos recuerdos comunes a los cuales quiero aludir para hablar de Raya.

La primera vez que vi a Mónica y a Víctor, en desconocimiento de su práctica allá por el 2002, fue en “el puesto”: ese espacio móvil de encuentro que en eventos diversos, como simposios, coloquios, ferias de arte, montaban para ofrecer los compendios temáticos, los boletines quincenales, y sobre todo para crear un espacio de diálogo, chorcha e intercambio. (En estos dos últimos años ese recuerdo ha reaparecido al pensar que el archivo es también eso que va sucediendo mientras lo hacemos, mientras platicamos y generamos su materia y estructura).

Lo menciono porque quizá a varias como a mi, el puesto nos acercó por primera vez a una parte de lo que hoy nos convoca aquí: “Raya” un proyecto que surgió de la preocupación por el devenir de la memoria de las artes visuales y su posible y paulatina pérdida, por lo que, con el ánimo de impulsar una discusión y un posicionamiento crítico, comenzaron a recopilar sistematizar, conservar y hacer circular la memoria escrita en torno a las artes visuales.

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               Portada y hoja interior  Diseño: V. Lerma

"Raya: Crítica, crónica y debate de las artes visuales”, comenzó en mayo de 1991, a través de la revisión diaria de los medios impresos nacionales. De estos medios se recortaban y organizaban los artículos de opinión en torno a las artes visuales, para así construir un Boletín quincenal a modo de publicación-compendio. Raya es un proyecto lleno del hacer cotidiano, en el que la lectura, la selección, las tijeras, el pegamento y la reorganización de los textos, así como la claridad de Mónica y Víctor, generaron un acervo clave para la memoria reciente del arte y la cultura en México.

Lo que comenzó en mayo de 1991 siguió por 600 quincenas más, o sea por 25 años, y produjo un extenso archivo físico y, a partir de 2008, también digital, compuesto de críticas, crónicas e investigaciones que conformaban el boletín quincenal y que suman alrededor de 30 000 textos. De estos textos se han realizado selecciones temáticas con el ánimo de difundir los contenidos en una suerte de visita guíada al archivo mediante publicaciones que dan una entrada por temas como Arquitectura, Performance, Políticas Culturales. A esto se suma el proyecto “Archivo activo: 20 años en el archivo Pinto mi Raya”, organizado también a través de temas y nutrido con una selección de documentos parte de las quincenas.  

En cada quincena, adicionalmente, se incluía lo que llamaron “el resumen”, un índice de los sucesos y temas de relevancia en la escena cultural, a través de las noticias que eran publicadas y discutidas en esas fechas. Esas páginas finales de las quincenas constituyen por si mismas una radiografía de la escena artística, la cual era desmenuzada a través de la división en temas como “Homenajes y defunciones”, “Nuevas exposiciones” o “Broncas, denuncias y comentarios”. Los artículos indexados en el resumen, hoy en día, conforman otra parte del archivo que se llama “La noticia”: con alrededor de 200 000 artículos.

 

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Archivo Activo   Diseño: Brenda Hernández

A mediados de la década de los 2000, la situación de los medios impresos se había comenzado a transformar radicalmente con el uso de Internet, lo cual se fue acentuando de forma paulatina. En respuesta a ello, en el año 2008 se dejó, casi por completo, de recortar periódicos para recolectar artículos en la red, tanto en la versión digital de los diarios, como en blogs, los cuales se convirtieron en medios vitales de opinión y discusión. A pesar del progresivo crecimiento de las publicaciones digitales, en detrimento de las impresas, en el archivo de Pinto mi raya se siguió imprimiendo cada boletín quincenal para distribuirlo y para organizarlo físicamente en el archivo, tal como en los años anteriores se venía haciendo. Con esto, se comenzó a generar un trasvase de lo digital a lo físico y un diálogo entre estos dos soportes y medios de circulación.

Progresivamente, los medios digitales comenzaron a ser de acceso generalizado y en esos años comenzó a ponerse en cuestión el alcance de los medios impresos. En este contexto, surgieron preguntas en torno a la función de Raya y sobre qué papel juegan los medios impresos y la recopilación de materiales en la red. En medio de estas preguntas, Víctor Lerma y Mónica Mayer tomaron la decisión de que en 2016, al celebrar el veinticinco aniversario de Raya, se cerrara un ciclo y se abrieran otras perspectivas. De esta forma, en la segunda quincena de abril 2016 apareció el último boletín de Raya. 

A veinticinco años de vida del proyecto se planteó la necesidad de volver al archivo de Raya para revisarlo y generar acciones que le permitan pervivir de otras formas y continuar circulando, de forma física y digital. De allí surgió “RAYA: un archivo de artista” un acercamiento al archivo que subraya el archivo como obra y como parte de un proceso de construcción de memoria.

 

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  USB, Archivo digital  Diseño: Brenda Hernández  Foto: Tonantzin Arreola

Como parte de este proceso se ha impulsado la digitalización, registro y gestión física del archivo con el objetivo de beneficiar la memoria colectiva contemporánea. Para ello se ha trabajado en la creación de una base de datos del contenido de Raya, que actualmente tiene un avance de cerca de 20 000  registros; se ha creado Raya como archivo digital, a través de la digitalización de las 600 quincenas, que como indiqué son cerca de 30 000 artículos, con su resumen, intervenciones gráficas e índices correspondientes, y se ha trabajado en la organización de los documentos nativos digitales. También se trabajó en reforzar la preservación física de los documentos originales a través de una adecuado almacenaje.

En 2017, por invitación de Víctor y Mónica, me sumé a este proyecto, y en distintos momentos, teniendo los documentos entre las manos, o escuchándolos hablar, vuelvo a la sensación de azoro por la tenacidad y empeño con la que el archivo se ha construido, y en especial la sección de Raya. Considero que en esta parte del archivo, el cuerpo se revela, hay una labor ritual, un acto casi performático contenido en todas las acciones que conlleva hacer un archivo de esta naturaleza.

Entre las múltiples preguntas que me he planteado a lo largo de este tiempo, una de ellas que ha vuelto es ¿Digitalizar para qué? Supongo que esa pregunta que pareciera obvia y que desde un archivo institucional debiera tener otras implicaciones y razones, en un archivo de artista me lleva a otras respuestas y a otras consideraciones.

Digitalizar desde Pinto mi Raya no es sólo transferir de lo físico a lo digital para generar otro archivo paralelo, o para potenciar la preservación y futuro acceso. Es insistir en el acto de memoria. Digitalizar desde Pinto mi Raya ha sido también una invitación al proceso: las charlas y reflexiones que han sucedido en medio de este trabajo, de las cuales se desprenden otros procesos de archivo, otros proyectos y múltiples complicidades y afecto.

El proceso de digitalización, hasta aquí, no es un punto final. es un punto de llegada transitoria, con mucha felicidad por el trabajo colectivo y por los objetivos alcanzados, en la que hay muchas preguntas y diálogos internos en torno a los pasos siguientes. En esta breve parada en la travesía incansable de hacer archivo por parte de Mónica y Víctor, hay una invitación a reflexionar y sumar preguntas  sobre las implicaciones de un archivo de artista.

 

Maribel Escobar.  

Texto de ponenia para la presentación en el Laboratorio Arte Alameda el 14 de marzo del 2019.

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